Cómo ayudar y ser ayudado: Segunda parte con Bert Hellinguer

Os dejo con la segunda parte de las palabras de Bert Hellinguer, sobre cómo ayudar y ser ayudado cuando se aplica la terapia de constelaciones familiares:

“El segundo orden de la ayuda

La ayuda está al servicio de la supervivencia por un lado y del desarrollo y del crecimiento. Pero tanto la supervivencia, el desarrollo y el crecimiento dependen de circunstancias especiales, externas e internas. Muchas circunstancias externas están predeterminadas y no son cambiables, por ej. una enfermedad hereditaria o también consecuencias de acontecimientos y de culpa. Si la ayuda no toma en cuenta estas circunstancias externas o las niega, la ayuda está condenada al fracaso. Sucede lo mismo con los acontecimientos de orden interno, por ej. la implicancia en el destino de otros en una familia y el amor ciego.Cómo ayudar y ser ayudado

Para muchos “ayudadores“ parece difícil soportar el destino del otro y lo quieren cambiar. Pero no porque el otro lo necesita o lo quiere, sino porque ellos mismos lo aguantan con dificultad. Cuando el otro permite la ayuda, no es porque lo necesita, sino porque le quiere ayudar al “ayudador“. Entonces este ayudar se convierte en tomar y el recibir ayuda, en dar.

 

El segundo orden de la ayuda sería entonces, que se someta a las circunstancias y solo interfiera apoyando, mientras éstas lo permitan. Esta ayuda es cuidadosa y tiene fuerza.

El desorden sería cuando la ayuda niega u oculta las circunstancias, en lugar de encararlas junto con quien está solicitando la ayuda.

Querer ayudar en contra de las circunstancias debilita a ambas partes, al que ayuda y al que necesita la ayuda.

El tercer orden de la ayuda

Muchas personas que ayudan, p.ej. psicoterapeutas y trabajadores sociales, piensan que deben ayudar como padres a sus hijos pequeños.

También aquellos que solicitan ayuda, esperan recibir la ayuda como de padres a sus hijos, y asimismo recibir posteriormente de sus terapeutas, lo que aún esperan y exigen de sus padres.

Pero qué sucede cuando los “ayudadores“ responden a estos deseos? Ellos comienzan una larga relación con sus clientes, y se encontrarán en la misma situación que los padres; paso a paso le tienen que poner límites al cliente.

Muchos “ayudadores“ quedan atrapados en la transferencia y contra transferencia del hijo a los padres y de esta manera obstaculizan la despedida de los padres, así como la de ellos mismos. Solamente en situaciones donde el “ayudador“ lleva a cabo un movimiento interrumpido puede ponerse en el lugar de uno de los padres.

El tercer orden de la ayuda sería entonces que un “ayudador“ se enfrente a una persona adulta, que busca ayuda de manera adulta, y que rechace ubicarse en la posición de sus padres.

El desorden aquí sería, permitirle a un adulto pedir ayuda como un niño, tratarlo como un niño y decidir algo, por lo que él mismo debe tomar la responsabilidad y encarar las consecuencias.

En este tercer orden de la ayuda es donde más profundamente se diferencian las constelaciones familiares o los movimientos del alma de la psicoterapia tradicional.

El cuarto orden de la ayuda

El “ayudador“ debe ver a la persona que pide ayuda como parte de un sistema. Solamente de esta manera puede ver lo que necesita y a quién en la familia le debe algo. Así también puede percibir quién en la familia necesita su respeto y su ayuda, y a quién tiene que dirigirse el cliente, para reconocer y dar los pasos decisivos.

Es decir que la empatía del “ayudador“ no tiene que ser personal, sino tiene que ser sistémica. El “ayudador“ no debe establecer una relación personal con el cliente.

El quinto orden de la ayuda

Las constelaciones familiares unen lo que antes estaba en oposición. En este sentido están al servicio de la reconciliación, especialmente de la reconciliación con los padres.

Solo puede estar al servicio de la reconciliación, quien puede dar en su propia alma un lugar a aquello, que es conflictivo para el cliente o de lo que se queja y lamenta. De esta manera el terapeuta se anticipa, a lo que el cliente aún tiene que realizar.

El quinto orden de la ayuda sería entonces el amor hacia cada persona, tal cual es, aun cuando sea muy distinta. De esta manera le abro mi corazón y le doy un lugar. Lo que se reconcilia dentro de mi corazón, también puede reconciliarse en el sistema del cliente.

El desorden sería la indiferencia y el juicio sobre otros. El que verdaderamente ayuda, no juzga.

La percepción

A fin de poder actuar de acuerdo con los órdenes de la ayuda, se necesita una percepción especial. Es importante no querer aplicarlos de manera metódica y exacta. El que trata de hacer esto, piensa, en lugar de percibir.

Con la percepción me dirijo hacia una persona, sin querer algo en especial. Esta percepción nace cuando estamos centrados, sin reflexiones, sin intenciones.

La ayuda que nace de la percepción, por lo general es corta. Es concreta, muestra el próximo paso, se retira rápidamente y permite al otro sentirse libre.

Es una ayuda como al pasar. Uno se encuentra, se da una indicación, y cada uno sigue su camino. Se reconoce, cuándo la ayuda está indicada y cuándo la ayuda daña, cuándo quita fuerzas en lugar de dar apoyo y cuándo la ayuda está al servicio de aliviar la propia necesidad en lugar de la necesidad del otro. Y es humilde.”

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  1. 23 septiembre 2017

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