Reflexión que solo una mujer VALIENTE puede hacer (Testimonio)

Hoy os dejo con una reflexión MARAVILLOSA de una de nuestras valientes, GRACIAS <3

“El mes pasado hablé con unos amigos por Skype. De entre ellos, una pareja nos dijo que estaban embarazados. Me alegré mucho por ellos, sé que tenían ganas y les ha costado conseguirlo. Al rato sentí esa punzada en el estómago. Ellos sí y yo no. He tenido dos abortos, la gente lo consigue y yo no.

Al rato un pensamiento vino a mi cabeza. Sí, quiero ser madre. Sí, me gustaría que fuera pronto pero No, no quiero que el tiempo que me quede hasta quedarme embarazada pase de inmediato, sin sentirlo, sin darme cuenta o disfrutarlo. Quiero vivir cada momento, cada paso que dé. Quiero reír, quiero bailar, quiero sentir, quiero viajar. QUIERO VIVIR!!!

Si echo la vista atrás llevaba mucho tiempo sin vivir. Yendo de un objetivo a otro, en una carrera sin fin por conseguir lo que me “faltaba”. Una carrera universitaria en tiempo récord, un máster difícil en otro idioma, un trabajo importante. Tenía un hambre insaciable de demostrarle al mundo que yo valía. Y para eso siento que durante años me he obligado a encajar en lugares donde no cabía. Como cuando los niños pequeños intentan meter una estrella en el lugar de un triángulo. Y además me he machacado mucho por ello, por no ser así o asá, por no tener algo o tener demasiado de lo otro. Dicho así suena ridículo, verdad? Lo es.

No voy a decir que tener dos embarazos fallidos sea lo mejor que me ha pasado, pero echando la vista atrás no creo que donde yo estaba hubiera mucho lugar para la VIDA. Sí, esa con mayúsculas. La que se abre paso con una fuerza primitiva y descomunal. No creo que hubiera espacio para que algo nuevo naciera de la nada. Espontáneo, libre, nuevo. Había demasiado lastre, poco lugar para la creatividad, para experimentar y equivocarse.

El dolor de sufrir dos abortos me conectó con una pena muy grande, como nunca había sentido. Y el sufrir esas pérdidas me colocó en un lugar donde no me había visto en mucho tiempo. Incapaz de hacer nada, de avanzar, de seguir en la carrera. Y me llevó a lugares desconocidos, donde el dolor lo dominaba todo. Es difícil de explicar pero echaba de menos tener ese bebé en mis brazos. ¿Se puede echar de menos algo que nunca se ha tenido?

Y cuando el dolor se va atenuando una empieza a darse de bruces con la realidad. La realidad de no creer en una misma, de juzgarse tanto que parece que la cabeza te vaya a estallar, de recorrer miles de kilómetros para encontrarte con lo mismo. Contigo. Con tus miedos paralizantes, tus inseguridades y tus juicios. Con tu propio infierno del que no te libras estés donde estés. Hay un dicho en inglés que dice “Wherever you go, there you are”, Donde quiera que vayas, ahí estás (que además es el título de un libro de mindfulness de Jon Kabat-Zinn). Así me ví una mañana en Vietnam. Después de dos meses de viaje y un retiro de meditación. Convencida de que por más kilómetros que hiciera todo seguiría igual.

Y por qué ahora quiero VIVIR? Qué ha cambiado 7 meses después? Aparentemente estoy en el mismo sitio que entonces o incluso igual que hace un año (antes del segundo aborto). No tengo niño y no tengo trabajo, todavía estoy probando y decidiendo a qué me quiero dedicar. Sin embargo ahora siento que estoy en un momento bastante excitante en mi vida. Ahora me estoy conociendo. Me estoy dando la oportunidad de conocerme y gustarme que no me había dado nunca. Todavía hay muchas cosas sobre mí que no sé, pero una sí la sé. No hay nada malo en mí, no hay nada que arreglar.

No me voy a despertar un día y decir “ah, aquí estaba el fallo”. Quizá lo que está mal es mi forma de mirarme, de compararme con los demás, de pensar constantemente “María, esto que te pasa no es normal”. De querer encajar en lugares donde no quepo y además mostrando una sonrisa.

Durante este tiempo he cerrado viejas heridas que no creí que estuviesen abiertas, he comenzado a abrazar mis partes feas (esas que nunca dejo que salgan a la luz), he llorado, me he acunado y consolado, he rescatado a mi niña de un pozo húmedo y oscuro, he recordado momentos dolorosos y felices y le he dado gracias a papá y a mamá por todo lo que han hecho por mí. Y he llegado a una conclusión: quiero jugar a mi favor. Quiero jugar en mi equipo, quererme y dejar de perseguir cantos de sirena.

La felicidad está aquí conmigo cada día, descubriendo quién soy y riéndome de mis neuras.

Siento que estoy a medio camino. Que he librado grandes batallas pero aún me quedan algunas importantes que librar. Será que el proceso de autoconocimiento no termina nunca y que nunca nunca se quiere uno lo suficiente.”

BELLO, GRACIAS de nuevo.

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2 Comentarios
  1. 27 Enero 2017
    • 2 Febrero 2017

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